Oh caminante de senderos perdidos,
de pies descalzos,
de penas recordadas al andar.
Oh hijo de hombre tan sufrido,
las piedras calientes queman tus
pies,
y en ellos abren llagas de dolor.
Oh hijo pródigo,
que te dejaste llevar por la pasión,
aquella que te hizo caer en
tentación,
estás andando tus caminos,
tus destinos,
tus castigos,
te estás desangrando en cada paso,
en cada latido,
en cada lucha por llegar.
Caminas y caminas,
corres y te desangras,
¿Dónde vas?
¿Vas para tu casa?
¿O, vas a saldar tus culpas?
¿Por qué no te detienes?
Descansa!
Detente!
bebe agua y respira profundo,
limpia las llagas de tus pies
descalzos,
sécate el sudor de la frente,
y si bien te sientes,
continúa!
Sólo andando se hacen caminos.
Sólo pecando nos arrepentimos.

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