quinta-feira, 20 de março de 2014

Guerra.



Dentro de mi misma, una guerra.

No sólo con dos rivales, sino decenas.
Traté de muchas formas de impedir esta crisis,
mi cerebro intentó mediar sentimiento-razón
pero sólo pudo encontrar pura confusión.
Mis extremos estaban cada vez más cerca, 
uno al lado del otro, 
el muy muy estorbaba al ni tan tan,
mientras mi cabeza era el depósito de los daños.

Quise abrazar al mundo para que mi mundo no desintegre,

me di cuenta de que mis brazos eran demasiado cortos,
cortos pero capaces de mucho, no de todo.
La tibieza en mis acciones dejaron hipotérmicas algunas regiones,
el centro de mis atenciones, el sur de las emociones,
más que nada el norte de mi autoestima.
En el este y oeste, seguidamente un ring de lucha,
armada y tempestuosa,
la ira quiso terminar con mi valentía,
mientras mi miedo se escondía en la platea.
El embajador de mis regiones,
de mis culturas y religiones yacía en un rincón de su barco,
viendo impotente venir un naufragio.
El viejo rincón de los recuerdos abrazaba su baúl,
para que la tempestad no le haga olvidar,
atesoró los mejores momentos y prometió llevarlos consigo,
en la salud y en la enfermedad,
en la riqueza y en la pobreza.
Cada parte lucha por sus intereses,
olvidando que forman un todo,
que uno no es nada sin otro,
olvidando la física con sus leyes de equilibrio.
La guerra sigue, muchas cosas murieron,
la confianza perdió parte importante de su batallón,
su antónimo fue el asesino,
impulsado por la verdad que destapó los ojos de la justicia.
La alegría fue enterrada en el fondo del mar por la precausión,
que se juntó con la esperanza en un batallón.
La amistad se hizo invisible pero tactible,
y mi paz está buscando calmar a todas las partes,
mi yo egoísta intenta lavar el cerebro de mi ingenuidad,
pero ahi vienen las ilusiones a capturarla.
El amor por su parte es el que más sufre,
sentado en un bar, bebiendo agua ardiente,
no tiene cabida en ninguna pelea,
nadie quiso luchar contra el amor, ni la mentira,
ni el egoísmo, ni mismo la maldad.
El bombardeo echo taquicardia,
el desespero derramado en lágrimas,
la fe escondida detrás de sonrisas, que mismo tímidas
ahí siguen esperando por el fin de esta guerra.